Un especialista que no sabía ser humano
Las consecuencias de optimizar una parte ignorando el sistema que la sostiene.
Este es el tercer post de una serie sobre rendimiento y el equilibrio entre optimizar la carga y el sistema que lo recibe. Si quieres puedes leer los anteriores posts aquí (1, 2).
Ocho meses en Nueva Zelanda, los dos últimos explorándolo en una furgoneta.
Me fui con una lesión que me impedía hacer lo que se había vuelto parte de mi identidad. Y volví con múltiples experiencias que aún hoy sigo integrando.
Al llegar a casa, volví a gravitar hacia la pista de atletismo. Y esta vez, me encontré con alguien diferente.
En realidad, creo que ya nos habíamos encontrado antes, solo que ahora podía verlo claro: alguien con una visión del atletismo que resonaba fuerte con la mía.
Sus entrenamientos tenían sentido e intención. Los ejercicios tenían coherencia con los principios sobre los que se sustentaban, algo que, hasta entonces, no había encontrado en ningún otro entrenador.
Estaba disfrutando de ser acompañado por alguien en el que confiaba y que me descargaba de la tarea de planificar y ajustar el entrenamiento, algo que apreciaba mucho después de haberme entrenado a mi mismo. Por desgracia, la temporada terminó antes de que ambos lo quisiéramos.
Aunque su entrenamiento fue el que hasta el momento más había considerado mis limitaciones funcionales y de movimiento, no fue suficiente para revertir ese dolor de tobillos que me obligó a parar dos años antes. Juntos descubrimos que tenía fracturas de estrés en los maleolos.
Esa, la temporada de 2018, fue, hasta el día de hoy, la última temporada en la que entrené con el objetivo de competir.
Por suerte, el aprendizaje más importante había empezado a desplegarse antes.
Mi entrenador venía de entrenar decatletas, de entender el atletismo y al atleta con muchos más grados de libertad de lo que lo entendía la mayoría de los entrenadores de velocistas.
Recuerdo perfectamente esa sensación expansiva de aquellos momentos, ese quedarme sin aire de la sorpresa y fascinación de alguien que descubre algo completamente nuevo que expande el espacio de posibilidades.
Desde entonces, el rol de las cualidades de movimiento en la salud y el rendimiento se convirtió en central para mí.
Y al estar libre de ataduras y restricciones del atletismo de competición, exploré la idea y me exploré a mi.
Así, aha tras aha,
me fui reorganizando,
reestructurando
y, como consecuencia, curando.
Capa a capa, fui entendiendo que yo funcionaba como un especialista que no había trabajado los movimientos fundamentales que un ser humano saludable y versátil necesita.
Que seguía el típico patrón de movimientos de ex futbolista, con sus acortamientos, déficits de fuerza y desequilibrios habituales.
Entendí el precio de las horas que, como estudiante y trabajador, pasaba sentado delante del ordenador.
El precio de la lucha constante, del razonamiento sin consciencia corporal, de la desconexión con algunas de mis sensaciones y emociones, y un largo etcétera que hoy, casi 10 años más tarde, sigo descubriendo.
Hábitos —y ausencia de contrapartidas— que crearon una estructura con muy poco ancho de banda a la que le había aplicado una carga de entrenamiento ultra especializada en dosis de élite.
Algo que había moldeado mi sistema hasta convertirme en un especialista que no sabía ser humano.
Un atleta que había recibido buenos estímulos específicos…
Pero sobre un sistema que no podía integrarlos.
Un error de perspectiva
que acabó grabado, literalmente, en mis huesos.
Un abrazo,
Urtats
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P.P.D: O invita a todos tus amigo, que así podré robarle horas a lo que me da de comer para dedicarle a esto XD


