Materialistas que no imaginas
La misma herida adoptando formas socialmente opuestas.
Que fácil es criticar al que se compra un coche caro y de color rojo.
Al menos en algunos entornos.
“Gente con dinero de sobra que llena sus vacíos con consumo y posesión.”
Y sin entrar hoy a debatir lo que “de sobra” significa, ni los mecanismos por los que han conseguido ese dinero, puedo decirte que sí, yo también veo un patrón parecido.
Veo cómo algunos de los que se compran un deportivo rojo despampanante (como se nota que he estado leyendo Mortadelo y Filemón últimamente XD) buscan validación, estatus, placer momentáneo…
Pero este post no va de ese tipo de materialistas.
Va de los que probablemente se enfadarán cuando se vean descritos como tal.
¿Acaso hay alguna diferencia con el que calma su ansiedad por no tener una propiedad endeudándose con un banco hasta el fin de sus días?
¿Y con el que, mantiene un tren de vida socialmente aceptado y calma la ansiedad de ver la cuenta bajar a 0 autotorturándose en un trabajo que necesita revestir de dignidad para poder sostenerlo?
Sí, sí hay diferencia.
La diferencia está en el saldo de sus cuentas bancarias.
En el resto, son las dos caras de la misma moneda.
Una manera de aliviar y/o tapar carencias afectivas, emocionales o espirituales a base de dinero.
La misma herida adoptando formas socialmente opuestas.
¡Eh! Que quede claro, soy consciente de que existe miseria, que hay sistemas que premian un tipo de habilidades que no todos tienen y de que hay mucha gente que ha tenido una educación (afectiva-emocional o tradicional) pobre y está haciendo lo mejor que puede para sobrevivir.
Todo eso no solo es cierto, sino que es una tragedia humana que espero poder ayudar a solucionar con este granito de arena en forma de post.
Porque sé que se puede trabajar en un trabajo poco valorado socialmente, cobrar poco para los estándares medios de la sociedad, no poseer una casa y, aun así, no tener una relación de ansiedad y carencia con el dinero.
Al fin y al cabo, no tengo una casa en propiedad, trabajo como reponedor a tiempo parcial en un supermercado y me encuentro más satisfecho que en otros momentos en los que he trabajado de ingeniero o de profesor de la uni.
Yo también odié, después envidié y finalmente admiré a aquellos con dinero, antes de llegar al punto en el que estoy ahora. Uno en el que me encantaría tener mucho dinero (y como decía el gran Steve Irwin comprar hectáreas y hectáreas de terreno para regenerar), pero me importa un pito no conseguirlo.
Seré feliz comiendo noodles baratos y viviendo en un colchón en casa de un amigo si se dan las circunstancias.
Y también lo seré en una lonja donde monte mi siguiente proyecto, siempre que siga sintiendo que tomo las decisiones que —dentro de lo que la vida me ofrece— quiero tomar.
Sea como sea, lo que hoy te quiero contar es que, a medida que he ido saliendo de ese bucle de ansiedad con el dinero y mejorando mi relación con él, he podido sentir desde fuera la extensión del lugar en el que un día viví.
Y la gente cercana ha sido uno de los mayores reflejos.
He visto a amigos torcer el morro con gesto de juicio y envidia ante algunos de mis “privilegios” materiales. He visto a familiares pasarme al equipo de “materialistas” por dejar de vivir el dinero desde la carencia y he empezado a apreciar su valor y honrarlo con agradecimiento y con mi energía.
Por suerte, desde este nuevo lugar, también me es más fácil observar a aquellos que viven el dinero desde un lugar más sano y antes no veía.
Y con ellos, la vida es mejor.
Os deseo la mayor abundancia.
Si es que os apetece pasar el duelo que tocará.
Un abrazo,
Urtats


