Humildades en lo abstracto que se esfuman al primer contacto con un humano
Lo que descubrí al integrar una forma de humildad que llevaba años dejando fuera.
¿Qué hay más humilde que aceptar nuestra propia ignorancia, saber que siempre seremos unos ignorantes, que lo que podemos aspirar es a ser cada vez un pelín menos y perseguir este camino por el simple hecho de querer hacerlo aún sabiendo que nunca terminaremos nuestra labor?
Había algunas personas a las que admiraba por caminar este camino.
Me fascinaban y fascinan los descubrimientos, rigor y claridad de articulación de algunas de esos científicos y filósofos.
Pero iba más allá.
La actitud de eterna búsqueda de la verdad que unos pocos parecían adoptar como forma de vida me parecía el mayor signo de humildad.
El problema es que algo no encajaba…
Veía en algunos una rigidez —a veces física, a veces en su tono— una arrogancia e incluso una sensación general que describo como “tiene un palo metido por el culo” XD.
En los casos que hoy me son más obvios, acompañados de señales claras de condescendencia, superioridad moral desde el saber que no sabes nada, gusto por ser una autoridad, un pecho inflado y/o una barbilla levantada un poco más de la cuenta.
Hoy veo muchos mecanismos que hacen posible esta aparente incoherencia. Todos ellos relacionados con, voy a llamarlo, falta de humildad emocional.
Humildades en lo abstracto y lo intelectual que se esfuman al primer contacto con un humano que nos remueva algo fuerte.
Algo que, cuando pienso en ello, me recuerda lo que encontré en algunos rincones (y no tan rincones) del mundo académico y el rigor científico. Uno de los mundos a los que gravitan aquellos necesitados de la razón, inteligencia y la verdad para regularse emocionalmente.
Y aquí, también hablo de mi.
No porque buscase estatus, por necesidad de sentirme el más listo, ni tener razón. Pero sí por miedo a errar, ser humillado y/o ser manipulado por aquellos que usan la razón como instrumento para imponer su voluntad.
¡Ojo! No estoy diciendo que no haya una genuina curiosidad y un amor a la verdad en las personas que funcionan así. De hecho, ambas motivaciones pueden reforzarse mutuamente.
En mi caso, conocer cómo funcionan las cosas y descubrir nuevos mundos siempre ha sido algo fascinante y expansivo hacia lo que he gravitado (1,2,3). Y al mismo tiempo, la búsqueda de la verdad también ha cumplido otras funciones reguladoras: me ha ayudado, entre otras cosas, a encontrarme cómodo errando (aceptando que siempre lo haré), me ha dado algo sólido donde agarrarme en entornos manipuladores donde la narrativa se modificaba una y otra vez al servicio de los intereses de la autoridad.
No te cuento esto solo como un chascarrillo que te permita ver diferentes mecanismos de personas en relación con la razón, el rigor y la búsqueda de la verdad.
Sin duda, el simple hecho de verlos y entender cómo funcionamos me parece muy valioso y enriquecedor.
Pero creo que lo más enriquecedor es el efecto que puede tener y ha tenido en mi relación con las personas y la vida.
Hubo un momento en mi vida que conectaba o me motivaban principalmente personas con las que encontraba una fuerte conexión intelectual.
Gente interesante les llamaba.
Con el tiempo y a medida que aprendía a ver el complejo mundo que hay dentro de cada uno de nosotros, aprendí a ver lo interesante en la mayoría, incluso en aquellos con unas vidas aparentemente más monótonas y/o aquellas que no reciprocaban su interés y conexión intelectual hacia mí. Algo que me permitió disfrutar más en más sitios.
Pero, el cambio más grande lo viví hace relativamente poco, en gran medida cuando pude conocer a gente que funcionaba prácticamente de la manera opuesta a aquellos intelectuales a los que tanto admiraba.
Fue para mi una gran sorpresa encontrarme con algunas personas que funcionan desde sistemas de creencias y dogmas que no hacen ningún esfuerzo activo por cuestionarlos o cambiarlos, pero que cuando la vida eventualmente los rompe, fluyen con ella sin inmutarse, con una naturalidad y ligereza pasmosas para un observador como yo.
Pude ver como algunas personas intelectualmente poco conscientes de su ignorancia (lo que generalmente hubiese etiquetado como arrogante) podían ser tremendamente humildes a una escala tan humana como la emocional.
Y ya, no pude dejar de ver que otro camino era posible.
Así, y en gran medida gracias a desarrollar mi capacidad de sentir lo incómodo, se me abrió la puerta a conectar con las personas de una manera totalmente diferente. Una conexion más calmada, tal vez no tan expansiva, pero si en paz con lo que haya a mi alrededor.
Una conexión complementaria y multiplicadora a la intelectual que durante tantos años admiré y cultivé.
Gracias siempre,
Urtats


