El estímulo no es solo carga
Rompiendo con la visión lineal del crecimiento y la adaptación.
Estímulo apropiado + descanso apropiado = mejora.
Así podría sintetizar uno de los principios fundamentales del entrenamiento. Y quizá también del crecimiento.
A pie de calle, la interpretación más superficial de este principio suele aparecer en comentarios como: “Mejor que tu hija vaya a la guardería, esté expuesta a muchos bichos y enferme para que así desarrolle inmunidad y sea fuerte”.
Claro, cuando toca día de pesas y queremos ponernos fuertes, subimos la carga de manera progresiva a lo largo de semanas, meses y años. Tiene sentido, ¿no?
Cualquiera que haya entrenado de una manera consistente durante un tiempo considerable lo sabe. Llevado al extremo y sin matices, esta manera de funcionar se convierte en una estupenda manera de lesionarse o estancarse.
Y no creas que este error es uno que cometen solo los entrenadores novatos. Me viene a la cabeza un puñado de entrenadores cuyo entrenamiento no es más que un constante intento de introducir, cual comida de pato para hacer paté, la máxima densidad de entrenamiento que su atleta pueda tolerar, complementándolo con otras tantas horas de ejercicio de “prevención” y fortalecimiento, y con regulares sesiones de fisioterapia que ayuden a parchear el cuerpo y seguir tirando.
La solución tampoco es entrenar ejercicios superespecíficos con mucho descanso por creer que este es el estímulo de mayor calidad. Esta no es más que la otra cara de la misma moneda. Volumen, intensidad y densidad, periodizados de general a específico. Todo mirado desde el punto de vista de correr más o menos, más rápido o más lento, con más o menos descanso.
Cinco variables a controlar por un entrenador que sigue teniendo una mirada unidimensional del tipo de estímulo que introduce.


