Amigos muertos
De conexiones, libros y enseñanzas que resuenan en la distancia.
Algunas de las personas con las que más he conectado están muertas.
En realidad, ni siquiera las conocí en vida. Y, aun así, conecté más con ellas que con la mayoría de personas con las que me he cruzado en vida.
For & Against method es un libro que representa bien de lo que estoy hablando.
Es una gran suerte poder leer a dos grandes científicos debatir sobre si existe un método científico (es decir, una manera estructurada de acumular conocimiento de manera rigurosa).
La perspectiva histórica y pragmática de Paul Feyerabend sobre la ciencia puso palabras al enfado que sentía cuando me encontraba con científicos que, dogmáticamente, sostenían que el método científico era algo concreto, formulable e infalible.
Para mi sorpresa, encontré en Imre Lakatos, su contraparte, a alguien capaz de presentar sólidos y muy interesantes argumentos a favor de la opinión contraria. Generándome la sensación de que, juntos, habían llegado a la conclusión paradójica que tanto me suele gustar donde ambas cosas son ciertas.
Sin duda, esta conexión intelectual me emocionó. Pero, tal vez más relevante para lo que te cuento hoy, me predispuso a lo que sucedió a continuación.
Cuando acabé el libro, lloré como un niño, con una profunda sensación de haber sido comprendido.
Ver cómo, a lo largo de los años, a través de sus trabajos, correspondencia y encuentros personales, dos grandes científicos con opiniones opuestas coevolucionan en una profunda conexión y admiración mutua me llegó hondo.
Cómo dos personas podían ser capaces de hablar con respeto, cariño y compasión; y al mismo tiempo hablar con la crudeza que la verdad trae, sin edulcorarla, aunque pueda ser dolorosa… me desmontó. O tal vez me reparó, no sé.
Hace ya unos cuantos años de esto. Pero, como toda buena obra, sus enseñanzas tienen capas, que se manifiestan diferente en diferentes momentos. Y esta semana ha vuelto para echarme otro capote.
He necesitado poner un límite difícil a una persona que ha sido importante en mi vida. Un límite necesario para mi cuidado y el de mi familia. Y no tenía claridad.
Me veía saltar de no permitirme a mí mismo decir algunas cosas potencialmente dolorosas por responsabilizarme del impacto emocional que pudiesen tener, a pasar inmediatamente al enfado, al resentimiento e incluso a las ganas de venganza por no acabar de poner el límite que necesito para cuidarme. En bucle, mientras, al mismo tiempo, experimentaba con diferentes maneras de comunicar saludables y cuidadosas, pero que se sentían insípidas.
Dudas, dudas y más dudas.
Vueltas y más vueltas, hasta que una conversación con alguien me recordó lo importante.
El desde dónde. Y la coherencia con como quiero funcionar en esta vida.
Cuando la conversación reposó unos días, el libro del que no había pensado en tiempo me vino al presente.
Y no solo de cuánto lo admiro, sino de cuánto me gusta y gustaría decir las cosas de esa manera: tomando perspectiva, desde el observador, con rigurosidad fenomenológica y visión de sistemas. Describiendo lo que he observado, cómo me ha afectado y las decisiones que he tomado.
Sin dramas, sin personalizaciones, sin ataques ni tampoco edulcoraciones, sin explicaciones de más, ni de menos. Sin rasgos de ese control enmascarado de empatía en el que he caído en el pasado al intentar evaluar lo que la otra persona puede o deja de poder sostener.
Porque no solo estoy tranquilo haciendo las cosas así, sino que me gusta.
Mi manera de mandar un mensaje a la vida. Y encontrando así en ella la amiga que siempre quise.
Gracias Feyerabend, gracias Lakatos y gracias a los varios compañeros que me hicieron llegar estos libros, su impacto en mi vida es mucho mayor de lo que podrían llegar a imaginar.
A ti, gracias por leer.
Espero que, si no lo tienes ya, encuentres un lugar tan satisfactorio desde el que comunicarte con el mundo.
Un abrazo.
Urtats


