Y la mujer despedida por la dinámica
Lo fácil es decir que era inútil. Lo difícil es ver qué sostenemos entre todos.
Le han echado a la calle.
No me lo esperaba.
Al menos, no tan rápido.
Es cierto que esta señora aprendía despacio (al menos en comparación) y que, aunque llevase casi un año trabajando en la empresa, seguía mostrando poco método en sus acciones.
Recuerdo aquella particular mañana que me tocó trabajar mano a mano con ella.
No fue una mañana fácil.
La cosa no empezó bien.
Llegó a trabajar unos pocos minutos tarde.
Con la lengua fuera.
Pidiendo disculpas, se había perdido por el camino.
A mi, me daba absolutamente igual, ni me había dado cuenta de que llegaba tarde.
Esperaba que se uniese, y ya.
Pero ella, empezaba el día, a las 6AM, ya fuera de sí.
A medida que nos poníamos a reponer el palet, una y otra vez volvía al mismo lugar:
demasiadas explicaciones,
pidiendo disculpas por errores naturales e irrelevantes,
esperando validación,
preguntándome prácticamente de todo,
como lo haría una persona a la que le han controlado y quitado todo margen de decisión durante toda la vida.
Desde ese lugar interno, si algo de lo que salía de mi boca o de lo que mi cuerpo transmitía tenía una mínima similitud con una posible corrección hacia ella, se salía de madre.
Se ponía en un modo “intentar hacerlo mejor”… pero pasada de rosca.
Tal vez creía que acelerándose trabajaba más rápido.
En realidad, iba como pollo sin cabeza.
Poco productiva, en los peores casos molestaba por estar parada sin poder decidir qué hacer. Todo mientras exudaba ansiedad.
Y yo usando todos mis recursos para no entrar —ni desde la crítica ni desde la alabanza— en esa dinámica de premio-castigo, competente-torpe, a la que era muy fácil verse arrastrado.
Centrado en mi parte.
Observándome.
Dejando espacio a lo que se movía dentro cuando algo me tocaba.
No para eliminarlo, sino para que no saliese proyectado hacia fuera
ni se quedase dentro convertido en micro-resentimientos que acaban haciendo bola.
A diferencia de en el pasado, tenía la suerte de ser muy consciente de lo que estaba ocurriendo y la mayoría del tiempo lo observaba desde fuera. Pero me daba cuenta de que la inercia de esa dinámica no permitía despistes.
Me acuerdo que me preguntó por la manera correcta de poner los plátanos (o fresas, que se yo ya XD).
Le mostré como lo hacía yo y, con naturalidad le dije: “pruébalo tú a ver…”
“¿Pruébalo? Se quedó sorprendida… como si alguien que le invitaba a experimentar no entrase en su ecuación.
“Hoy te saldrá mal y mañana mejor” le dije.
Ahí que probó.
Parece que algo se relajó.
Así estuvimos el par de horas que nos tocó currar juntos.


