Entrenamiento que funciona
La complejidad e importancia de manejar bien las cargas de entrenamiento.
La semana pasada empecé a articular una forma de entrenar que durante años me frustró por el daño que como atleta me había hecho y por el daño que veía que hacía a otras tantas personas que dedicaban con pasión sus días a este deporte.
La llamé perspectiva cargacentrista y quise mostrarte algunas de sus limitaciones, ya que fue este descubrimiento el que me abrió la puerta a lo que sigue siendo una revolución en mi forma de entrenar, de ver el rendimiento, el crecimiento y el aprendizaje.
Hoy me apetece dar un paso atrás.
Porque, si tan extendida está esta perspectiva en el atletismo y en el alto rendimiento en general, no es por capricho.
Es porque funciona.
Y porque cuando no se maneja bien… se paga.
En forma de lesiones.
En forma de estancamiento.
En forma de temporadas enteras tiradas por la borda.
Por eso, aprender a manejar la carga no es opcional. Es una de las pocas palancas que, bien usadas, marcan una diferencia real.
Y esa importancia merece ser reconocida antes de abrirnos a otros mundos.
Yo mismo dediqué años y muchas energías a optimizar bajo esta perspectiva. Creía que la elección de la carga que iba a aplicar en mis entrenamientos y las cualidades que se trabajaban con esas cargas eran las dos dimensiones que los entrenadores podemos modular.
Y, sin duda, en gran medida lo son.
Volumen, intensidad y densidad.
Carga o descarga.
General o específico.
Secuencial o paralelizado.
Progresión a corto, medio y largo plazo.
Infinidad de posibilidades razonables, que pueden funcionar o no dependiendo del contexto.
Más teniendo en cuenta que el cuerpo humano es un sistema complejo adaptativo en el que algo aparentemente tan simple como esprintar depende de múltiples factores fisio-psico-sociológicos interrelacionados que se manifiestan de diferentes maneras en diferentes contextos. Un marco de posibilidades donde el entrenador puede actuar en función de los recursos materiales, temporales y energéticos que tenga.
Casi nada.
Para un ingeniero de control de sistemas que le gusta hacer su trabajo de manera detallista y exhaustiva, uno de los retos intelectuales y personales más difíciles y fascinantes con los que me he encontrado.
Un reto cuya complejidad hace que decisiones de entrenamiento sutilmente diferentes, como un mal día, una repetición de más o una semana de carga extra, puedan marcar la diferencia entre lesiones y éxito. Algo que muchos atletas han sufrido y seguirán sufriendo en sus carnes.
Su importancia es tan evidente que es fácil acabar dedicándole toda tu energía.
Su complejidad es tal que puede hacernos pasar la vida intentando entenderlo y optimizarlo.
Y al mismo tiempo, como me pasó a mí, puede ser lo que nos nuble la capacidad de ver otras perspectivas, que tal vez por su mayor dificultad de medir y controlar, quedan relegadas a un rol secundario.
Hoy, quiero decirte que entender y aplicar bien esta perspectiva puede ser suficiente para un rendimiento de élite.
Lo que te contaré la semana que viene no es una mejora.
Es otra forma de entender cómo se construye ese rendimiento:
O compárteselo a tu amigo friki que le encantan estas cosas:
Tu apoyo es lo que me permite dedicar cada vez más energías a esto.
Gracias siempre.
Urtats


