
Me costó mucho soltarlo.
64 semanas escribiendo,
64 lunes con un post nuevo en el blog.
Por suerte, mi cuerpo me invitó —casi obligó— a soltar esta manera de funcionar que había dejado de funcionarme.
Necesité unas semanas de forzarme a cumplir, de textos que no sentía tan vivos ni redondos, de llegar con el gancho al hito establecido… y la puntilla de un fin de semana en el que sentí que no tenía descanso.
Aquel domingo por la tarde lo decidí.
Y la cuesta de vuelta a casa desde la playa me la pasé resoplando, soltando todo lo que me había apretado las anteriores semanas.
Y lo digo con autocompasión, porque no me extraña que me apretase.
La escritura ha sido (y es) muchas cosas para mí:
Un punto de gran claridad ante una inmensa incertidumbre,
Una vocación pagada,
Una herramienta de autoexploración,
Uno de los pocos puntos de conexión con gente interesante en un momento de gran limitación logística,
Una de las pocas vasijas que ha podido acoger, conectar y cultivar prácticamente todos mis diversos intereses intelectuales que tanto necesito alimentar para mi felicidad,
Un anclaje para un momento transformador,
Un lugar del que tantas aventuras aún visualizo que pueden emerger.
A lo que se le suma el compromiso que adquirí contigo.
Muchas cosas…
Algunas de las que han ido cayendo, transformándose o afianzándose.
Hoy llevo tres semanas sin escribir un post.
Y me han vuelto las ganas.
De hecho, casi con urgencia de escribirte esto.
Ya que hay otras cosas de las que me gustaría escribir que van haciendo cola (y conociéndome, que escribo desde la e-moción y el entusiasmo… ya puedo hacerles hueco, que si no caducan).
Otro caso más que me ayuda a recordar que lo que de verdad es importante y no sale, vuelve cuando le doy espacio.
Y lo que no, es que no lo es.
O no toca.
He aprovechado estas semanas para pagar otras deudas conmigo mismo en forma de dormir y hacer ejercicio.
Reservas de descanso y fuerza física que me permitieron atravesar el periodo transformador que comenzó, o al menos se intensificó, desde que hace dos años fui padre.
Y que ahora me apetece seguir rellenando y disfrutando de otra de esas cosas que, como la escritura, siempre vuelve.
Lo que hoy te digo es que dejo de escribir con una periodicidad fija.
Al igual que confié en que el ejercicio, la conexión y el tiempo para explorar vuelven, este episodio me permite confiar aún más en la importancia de la escritura.
Y es precisamente esta confianza la que me permite dejar de apretarla.
Lo que se retroalimenta con mi confianza en esas apetencias maduras en las que cada vez me apoyo más en diferentes ámbitos de mi vida y me guían con sabiduría y ligereza que ninguna estructura puede ofrecerme.
Además, el muro de pago cambia también.
Sigue estando, pero su función recaudadora va perdiendo peso y se queda por el autocuidado que me ofrece al limitar a quién, cómo y cuánto le ofrezco mi apertura.
Ni quiero ni puedo comunicar desde otro lugar si quiero sentirme completamente satisfecho. Ofreciendo un mensaje más rico y una puerta a conectar de verdad.
Y, al mismo tiempo, sé que solo algunas personas son capaces de ver el valor de esa apertura y cuidarlo como se merece.
A partir de ahora, el muro de pago será virtualmente impagable.
Y la única manera de entrar a los posts que sienta que tienen que ir cerrados será porque me apetece regalarte la apertura.
A los suscriptores de pago actuales os he regalado un año más desde ahora.
Y a algunas pocas personas especiales, el acceso de por vida a estos escritos.
Gracias por vuestra presencia.
Un abrazo.
Urtats

