La inteligencia de lo aleatorio
De un ingeniero que aprendió a confiar en el caos y a freír salchichas con placer intelectual.
Un siempre generoso amigo me ha invitado a ser ponente en un congreso de análisis de datos en deporte. Y la necesidad de ordenar ideas para esta futura charla y las ganas de freír unas salchichas para cenar me traen hoy a escribirte sobre uno de los conceptos más importantes, fascinantes e intelectualmente expansivos que un ingeniero de control, meticuloso y riguroso descubrió: la inteligencia de la aleatoriedad.
En casa nos gustan las salchichas cortadas en trocitos pequeños y fritas en la sartén.
Y si quiero que las salchichas queden todas bien fritas por todas partes (que me encanta que queden un poco crunchy) tengo, en general, dos opciones:
Por un lado, poner mucha atención a cuándo se fríe cada una, estar encima, moverlas de los sitios menos calientes de la sartén a los más calientes, darles la vuelta una a una y/o sacarlas a medida que voy viendo que están hechas a mi gusto.
Por otro lado, la versión que yo prefiero, la descansada y cuya efectividad depende mucho menos de mi atención (especialmente teniendo en cuenta las sartenadas que me gusta hacer XD): removerlas al tuntún, a menudo.
Y aquí, la clave está en el “a menudo”.
Si es suficientemente a menudo en relación con la temperatura de la sartén, moverlas aleatoriamente hace que emerja uniformidad en el tostadito de las salchichas.
Y fue, en esencia, esta idea, adquirida en otras áreas y extendida a más campos, la que en su día abrió el melón de este ingeniero de control y expandió su concepto de inteligencia mucho más allá de lo que su educación y cultura le habían enseñado.
Fue la vía a entender cómo el caos o el desorden pueden generar, en algunas circunstancias, un orden que el análisis y el control no pueden.
Y no me refiero solo a una cuestión de eficiencia, como en el caso de las salchichas.
Me encantó descubrir el rol central de la aleatoriedad en la evolución, cómo la vida explora el mundo a través de mutaciones aleatorias que el tiempo y el contexto filtran, en una eterna exploración de lo desconocido a través de lo que no tiene un orden planificado.
Y voy a repetirlo, porque aquí está el tomate.
La vida, eso que tanto valoramos, eso que ha creado seres conscientes de su propia consciencia, esa pequeña parte del universo que es capaz de observar el universo, emergió gracias a explorar lo desconocido con la aleatoriedad como amiga.
Una idea que aún hoy me fascina y que seguro querré seguir explorando en futuros posts.
Para preparar la charla de mi amigo, o para contarte cómo aparece en otras tareas de casa en las que la tengo como compañera.
Que la incertidumbre te acompañe.
Un abrazo.
Urtats


