El Tesoro Más Bello

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El robot y la central nuclear

Sencillez, escucha y confianza en un proyecto de alto riesgo.

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Urtats
mar 02, 2026
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Hace más de diez años, tuve la fortuna de trabajar como ingeniero de control con y para un jefe que me mostró un tipo de excelencia que rara vez he vuelto a ver. Y que aún hoy tengo como referencia cuando pienso en lo que busco en un experto y líder.

Estábamos diseñando un banco de ensayos mecatrónico, es decir, un robot para una central nuclear.

El objetivo del proyecto era ensayar muestras radiactivas bajo el agua, y la función del banco consistía en posicionarlas con precisión frente a distintos dispositivos de medición dentro de una piscina que había en la central.

Como ingeniero de control, tenía la visión global del sistema y, casi de forma natural, gravité a ser el responsable del documento de seguridad. Ahora, era hora de cerrar el diseño preliminar del banco de ensayos y necesitábamos que el operador de la central se sintiera cómodo con el diseño de seguridad.

En reuniones anteriores habían quedado algunas dudas sin resolver y, aunque habíamos dedicado mucho tiempo para solucionarlas, yo seguía sin estar tranquilo con algunas cosas. En ese momento, me llamaron a reunirme con dos de los máximos responsables de mi departamento para preparar la reunión que tendríamos con el cliente:

Los tres nos sentamos y repasamos a fondo todo el sistema. Abordamos y resolvimos algunas preocupaciones menores que yo tenía sobre las capas de seguridad electrónica y eléctrica. Pero mi principal inquietud estaba en la integridad mecánica del banco en un escenario concreto. Las especificaciones de seguridad exigían que el banco debía permanecer íntegro y anclado al borde de la piscina en caso de que ocurriese un terremoto de una magnitud concreta, y esa cuestión seguía sin estar completamente resuelta.

Recuerdo que expliqué mi preocupación con bastante vehemencia.

Cuando, uno de los responsables (el que magistralmente había hecho el diseño inicial del sistema) consideró que había escuchado suficiente, me interrumpió con seguridad y dijo: «De acuerdo, entendido».

Yo, aún insatisfecho por no haber recibido una respuesta que me tranquilizara, insistí: «Pero…».

Con una sonrisa traviesa y segura, me cortó: «Urtats, ¿confías en mí?».

«¡Sí!», respondí.

Inmediatamente, sentí un gran alivio y cerramos la reunión.

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