El placer de depender
Y la independencia que se interpone en el camino de la libertad.
Durante mucho tiempo quise ser independiente.
Desconocía el profundo placer de depender:
Lo experimento cuando compro la comida que alimentará a mi familia en el supermercado,
cuando puedo llamar a un curreli a que me arregle la caldera que mantiene caliente el hogar de mi familia,
o cuando, como la semana pasada, espontáneamente beso la chamarra de plumas naranja que uso en un avión con demasiado aire frío para que mi preciosa hija no pase frío.
Soy dependiente hasta en lo más esencial y, sorprendentemente para mi yo del pasado, siento una sensación muy agradable y corporal detrás de mis costillas manifestándose en cada uno de esos momentos.
Algo que, durante muchos años, no pude ni plantearme que era posible sentir.


