Diseñando un negocio con el cuerpo
Usando el mejor sensor, iterando los requisitos por la experiencia.
Estaba buscando locales para mi futuro gimnasio (si es que se puede llamar así a lo que pretendo crear).
Y la primera realización me llegó muy pronto y muy claro:
—“No va a ser fácil encontrar un sitio con las características que he predefinido”.
Venía de estar contento. Durante las mañanas de mi semana de vacaciones conseguí crear un Excel que me permitía modelar con agilidad diferentes modelos de negocio. Una herramienta con la que podía jugar con la interacción entre variables tan variopintas como las horas que quiero trabajar, el servicio que quiero dar, la antifragilidad del negocio… y los riesgos que estoy dispuesto a asumir.
De ahí nació una lista de requisitos que mandé a un puñado de inmobiliarias y con la que filtré varios cientos de anuncios de Idealista.
Resultado: muy poca cosa disponible y mis ganas de ampliar horizontes creciendo de manera natural.
Uno de mis requisitos iniciales había sido que el local estuviese a menos de 15 minutos (andando, en bici o en coche) de mi casa.
Pero ahora, ahí estaba Bilbao guiñándome un ojo.
Señal que no iba a ignorar.
En realidad, la posibilidad de irme más lejos, y en concreto a Bilbao, ya había orbitado por mi mente.
Racionalmente, había muchas cosas por las que Bilbao me parecía una buena opción. Hay mucha gente, está bien conectado, tiene el optionality y la diversidad de nichos que Getxo y sus alrededores no pueden ofrecerme.
Lo que pasa es que, hasta ese momento, algo me había creado rechazo a abrirme a esa posibilidad.
“Al principio tendré que estar disponible en el gimnasio muchas horas hasta que forme clientela y pueda establecer horarios predecibles y acotados que me permitan dedicarle las horas que quiero dedicarle.”
Es lo que me decía.
Y eso parecía entrar en claro conflicto con una de las razones por las que quiero montar un negocio: crear un trabajo que esté al servicio del estilo de vida y de la manera de criar a mi hija estando presente.
Igual tú ya te has dado cuenta.
Creía que estar disponible muchas horas era un requisito para captar clientes. Y mi solución para que eso no me quitase tiempo en casa era encontrar algo cerca.
En cuanto, invitado por mi investigación de campo, reconocí que esa solución no iba a ser fácil, Bilbao me empezó a guiñar un ojo.
Y, con la ayuda de mi amiga la escritura, empezaron a surgir múltiples y complementarias soluciones para el requisito de base: tener unos horarios estables, en armonía con el estilo de vida de casa, y llenarlos de clientes.
Hoy juego con la idea de establecer horarios fijos. Unos días de mañana, otros de tarde, alternando, seis horas al día, con un mix de entrenamientos personales y grupales que me permita abarcar diferentes rangos de horarios y modalidades de servicio para entender mejor la demanda y crear una oferta excelente sin esclavizarme en el proceso.
Juego también con la idea de validar —en diferentes etapas, perfiles de cliente y profundidades— el interés por mi servicio mucho antes de tener un local. Ya sea dando sesiones en gimnasios de otros y/o buscando la manera de crear una lista de espera antes de abrir la persiana.
Y, curiosamente, estas posibles soluciones no solo pueden dar respuesta a las necesidades que previamente había reconocido.
También me permiten otras cosas, como coordinar los horarios con mi mujer y su propio negocio, para que nuestros trabajos sigan, cada vez más, al servicio de la vida que estamos creando, armonizando todas las dimensiones que son importantes para nosotros.
Bendita necesidad.
Bendita creatividad.
Te cuento más pronto.
Gracias por leer.
Un abrazo.
Urtats

