Cuando las batallas se eligen solas
Una forma diferente de entender qué significa elegir tus batallas.
Le pedí consejo.
“¿No estás luchando demasiadas batallas?”
Me sugirió con otras palabras que ya no recuerdo.
Su buena pregunta no era nueva.
Ya me la había hecho antes, en un momento que tenía aún más frentes abiertos y que, al igual que ahora, parecía que eran más de los que podía lidiar sosteniblemente.
Y al parecer, algo ha estado trabajando en el background hasta que esta semana me ha llegado: ¡TIN!
“No, no estoy luchando demasiadas batallas.”
Y ojo, no estoy diciendo que no haya estado saturado de conflictos, fricción, tareas…
Sin duda, desde que nació mi hija, he estado y sigo estando por encima de lo que es sostenible a largo plazo.
Recursos limitados,
muchos frentes abiertos,
y necesitando usar muy bien mis energías.
Pero la verdad es que ni siquiera he podido elegir las batallas,
las batallas se han elegido solas.
Dependiendo de lo que más pesaba, revelando nuestras prioridades de vida y mostrándome la guerra que estoy luchando, si es que esto que estamos haciendo se puede definir en esos pobres términos.
Y creo que el “no” de esta semana, va por ahí.
Porque no estoy intentando cambiar el mundo a base de ganar conflictos (aunque cada decisión que tomo forme parte del cambio).
Porque no estoy intentando conseguir un objetivo concreto.
Ni imponer mi forma de ver sobre la de nadie.
Más bien se trata de seguir explorando esta vida en la que los conflictos no solo son inevitables, sino parte de la esencia que la crea.
Y de aprender a tener una mejor relación interna con ellos.
Y para eso, solo hay una manera.
Conflictear.
Como medio para que deje de sentirse conflicto.
Como oportunidad que revela nuestro propio camino.
Y ojo, no tomes estas palabras como una sugerencia de que, en este mundo material, nuestra relación interna con el conflicto es todo lo que importa, independientemente del resultado.
Ya estoy deseando escribir, otro(s) post(s) (1, 2, 3, 4) sobre un buen upgrade en la habilidad de hacer malabares energéticos y asignar mejor estos recursos.
Lo que estoy diciendo es que una mejor relación interna con el conflicto es ya un paso gigante para disfrutar y aventurear mejor en esta vida.
Y que, paradójicamente, se retroalimenta poderosamente con nuestra capacidad de ejecución en este mundo material en el que vivimos.
Porque cuando el conflicto se naturaliza dentro de ti y no pesa emocionalmente, dejas de crear conflictos por miedo al conflicto, gastas menos energía en lo que antes te arrastraba y… desarrollas una valiosa capacidad de perseverar y perdurar en aquellos pocos pero irrecusables conflictos que la vida te pondrá delante y querrás ganar.
Todo ello por el precio de no rehuir e integrar las batallas que te toca afrontar.
Un abrazo empoderador.
Urtats


